
Lo que los incas me enseñaron sobre cómo controlar los costes en una gran empresa
O cómo subir a más de 4.000 metros me proporcionó una perspectiva muy clara sobre los costes
Hace mucho tiempo, recorrí el Camino del Inca. Fueron cuatro días de caminata por una ruta ancestral, entre montañas y nubes, hasta llegar a Machu Picchu a través de la Puerta del Sol.- Fue un viaje increíble, pero también muy duro. Puedes elegir entre la ruta corta o la larga; en cualquier caso, pasas tres noches durmiendo en tiendas de campaña. Pero se sube a una altitud muy elevada.
- Cuando llegas a Cuzco, te aconsejan que bebas un tipo concreto de té o que mastiques unas hojas para prevenir el mal de altura. Y como yo siempre hago lo que me dicen allá donde voy, me lo bebí. Un amigo mío decidió no hacerlo.
- Una cosa es imaginárselo a partir de esas idílicas fotos de ruinas envueltas en niebla, y otra muy distinta es vivirlo en primera persona: dormir en una tienda de campaña, caminar durante horas, cargar con todo el equipo y, sobre todo, respirar a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
- Ese viaje me enseñó muchas cosas.
- Y una de las cosas que recuerdo es esta: no hace falta llevarlo todo contigo para llegar lejos. De hecho, si llevas demasiado, te quedarás atascado.
- Hoy te explicaré por qué y cómo esta lección se aplica a los costes de tu empresa.
Día 1: El entusiasmo pesa menos que tu mochila
Cuando empiezas el Camino Inca, todo parece maravilloso; estás bien descansado, tu mochila está llena de lo imprescindible (y de algunos artículos «por si acaso»), y sientes que puedes con todo. - Subes, bajas, haces fotos.
- El paisaje te deja sin palabras: ruinas arqueológicas por todas partes, la selva alta, los ríos. Es muy difícil describirlo con palabras si no lo has visto; es algo que hay que vivir en persona.
- Es como si te hubieras metido en un documental de National Geographic.
- Pero claro, eso es solo el primer día.
- Entonces las cosas cambian.

- Día 2: La montaña te pone en tu sitio
El segundo día se llega al Abra Warmiwañusca, también conocido como el Paso de la Mujer Muerta, el punto más alto de la famosa ruta de senderismo del Camino del Inca hacia Machu Picchu. - El nombre ya te da una idea: es un pico que se encuentra a 4.215 metros.
- Y ahí es cuando te das cuenta de lo pesada que es tu mochila, no solo físicamente, sino también mentalmente.
- Cada paso se convierte en un reto.
- Y todo lo que llevas contigo —esa chaqueta «por si acaso llueve», ese libro que querías leer en el campamento, ese segundo neceser con cosas «por si acaso las necesito»— empieza a pasar factura.
- No podía cargar con la mochila, así que se la di a una mujer del lugar que se ganaba la vida haciendo eso; subió con mi mochila y otras tres a la misma velocidad con la que corre un conejo por el bosque.
- Te estás quedando sin aliento y sin fuerzas.
- Y entonces aprendes a ver todo lo que llevas contigo con una mirada renovada.
Día 3: Aprendes a centrarte en lo que más importa
En este punto, lo tienes claro: lo que importa es lo que dejas atrás, no lo que llevas contigo. - Empiezas a seleccionar mejor tus opciones y te preguntas: ¿Necesito esto? ¿Puedo vivir sin aquello?
- Y también miras a tu alrededor.
- A quienes comparten la carga contigo, a quienes van más despacio, a quienes apenas pueden soportar su propio peso, a quienes ayudan sin que se les pida.
- Te das cuenta de que avanzar es una cuestión de equilibrio, no de competición. Tiene mucho que ver con el ritmo y el grupo con el que escalas.
- Y, sobre todo, con determinación.
Día 4: Llegada a Machu Picchu con menos equipaje
Cuando llegas a Intipunku, la Puerta del Sol, sientes un nudo en el estómago. La vista te llena de una emoción indescriptible: ¡lo has conseguido, lo has logrado! Ves Machu Picchu antes de que abra, al amanecer. - Y te das cuenta de algo: no necesitabas tantas cosas como pensabas.
- Lo que me permitió llegar hasta allí fue:
- Viajar ligero de equipaje.
- Tomarme en serio mi energía.
- Escuchar a mi cuerpo.
- Y confiar en la ruta. Y entonces, tras tantos kilómetros, comprendí que lo que realmente tiene sentido en un viaje como este es elegir con acierto para ser eficiente. Al igual que yo no podía con la mochila, a veces los costes nos pesan demasiado en nuestra empresa.
- La amiga que no tomó té sufrió un terrible mal de altura, y tuvimos que llevarla a cuestas entre todos.

- Lo que aprendí del Qhapaq Ñan, el Camino del Inca que me llevó a Machu Picchu
Esa red de senderos que conectaba todo el Imperio Inca no era un lujo, sino una necesidad. - Una estructura diseñada para funcionar con los recursos justos y transportar personas, alimentos, mensajes y llamas de carga de la forma más eficiente posible.
- Y cuando profundizas un poco más en la historia, te das cuenta de que la clave de su funcionamiento era esta: optimizar el esfuerzo sin perder de vista el objetivo.
¿Y qué tiene esto que ver con los costes?
Mucho más de lo que parece. - Porque a veces, en las empresas, hacemos exactamente lo contrario de lo que aprendí en la montaña: llevamos demasiado equipaje o no nos preparamos bien, como cuando no sigues los consejos de los lugareños para evitar el mal de altura.
- Tenemos partidas de gastos que no hemos revisado en años, sistemas obsoletos o acuerdos que ya no tienen sentido.
- Pagamos por estructuras que no cumplen su verdadera función.
- Y también nos cuesta ver lo que no se ve:
- Desgaste del equipo.
- La energía que se desperdicia en tareas repetitivas.
- Procesos que podrían ser más sencillos.
- Proveedores que ya no encajan en la estrategia. Tres lecciones del Camino del Inca que puedes aplicar a tu negocio
Esto es lo que te enseña este artículo sobre los pasos para empezar a optimizar los costes: - 1. Aclimátate antes de escalar
- Antes de tomar decisiones importantes, tómate tu tiempo para comprender bien el contexto.
- Al igual que en el Camino del Inca, donde se necesitan unos días para aclimatarse a la altitud y tomar ciertas precauciones, también hay que prepararse antes de realizar cambios en los gastos.
- 2. Revisa tu mochila
- Haz un inventario de todo lo que llevas contigo.
- ¿Qué sigue siendo útil? ¿Qué es lo que nunca usas? ¿Qué pesa demasiado en relación con el valor que aporta?
- 3. Viaja con menos, pero mejor
- Optimizar casi nunca significa recortar, sino más bien avanzar con sensatez con lo justo.
- Y «lo justo» no es lo mínimo indispensable, sino lo necesario para llegar a tu destino de forma segura. Y si no puedes hacerlo por tu cuenta, recurre a alguien que conozca el terreno, tal y como hice yo con la mujer que me llevó la mochila hasta el Paso de la Mujer Muerta.
A veces necesitas una visión panorámica de tu propio camino
No puedo recorrer el Camino Inca por ti. - Pero si necesitas analizar tus gastos desde una perspectiva diferente, a veces es necesario contar con alguien que ya haya pasado por lo mismo.
- Alguien que entienda que la eficiencia no consiste en tomar atajos, sino en saber hacia dónde vas y qué necesitas llevarte. Solo tienes que ponerte en contacto conmigo
- ¿Alguna vez has hecho un viaje que te haya enseñado algo que ahora utilizas en tu trabajo?
- Gracias por leer.
- Esto es todo por hoy. Espero que estas ideas te sean útiles.
- Que tengas un buen día






































































































