¿Por qué iba a contratar a un consultor? ¿Alguna vez te has planteado esa pregunta o quizá has hablado de ello con alguien? No es una pregunta descabellada, ¿verdad? Sin duda; no puedo ser el único directivo que no ve el valor de traer a alguien de fuera a mi empresa para que me diga todo lo que va mal o quizá cómo gestionar las cosas «mejor»... ¿verdad?
En realidad, esta es una pregunta excelente, ya que debería dar lugar a una búsqueda detallada y reflexiva de la respuesta, que incluya todos los «pros y
contras», «aspectos positivos y negativos» y «ventajas y desventajas» de buscar un recurso que aporte valor al negocio.
Quizás la respuesta definitiva sea que no tiene sentido pagar a alguien para que haga lo que deberíamos ser capaces de hacer internamente. Por otro lado, quizás la respuesta sea que realmente no tenemos ni el tiempo ni el talento necesarios para ocuparnos de aquellas cuestiones que hay que abordar, y que contar con un recurso adicional podría aportar un valor añadido enorme.
El reto radica en buscar la respuesta de forma objetiva, con el objetivo claro y sin restricciones de encontrar la respuesta correcta, en lugar de limitarse a realizar un análisis superficial destinado a justificar por qué no necesitamos «recurrir a ayuda externa».
Reconociendo que, en algunos casos, contratar a un profesional externo puede no ser la solución adecuada, mientras que en otros es, sin duda, lo más acertado. ¿Cómo podemos determinar de forma objetiva cuándo es uno y cuándo es otro?
La verdad es que contratar a un consultor no garantiza una solución milagrosa a ningún problema. Sin embargo, contratar al consultor adecuado puede aportar varios beneficios a la empresa: una perspectiva diferente, una visión imparcial de la situación o un análisis honesto y directo de las opciones disponibles para la empresa. Mi experiencia a lo largo de los años ha demostrado que el valor de una «persona externa» puede ser incalculable, no solo en términos económicos, sino también por las ideas que puede aportar a la organización.
Entonces, ¿qué es lo que hace que un consultor sea el adecuado? Esta puede ser la parte más difícil del proceso de toma de decisiones.
Es evidente que el consultor debe ser un buen comunicador; contar con los conocimientos y la experiencia necesarios en el ámbito en cuestión; relacionarse bien con el equipo interno con el que va a trabajar; y disponer de los recursos necesarios para llevar a cabo íntegramente cualquier solución que se identifique. Es importante tener en cuenta que algunos miembros del equipo interno pueden percibir al consultor como una amenaza y no estar muy dispuestos a cooperar, al menos al principio. La capacidad de la dirección para identificar —y abordar— rápidamente a estas personas «reacias» influirá significativamente en el resultado del proyecto.
Contratar a un consultor no es una admisión de incompetencia ni una crítica a las personas que forman parte de la organización. Es reconocer que una perspectiva «externa» puede resultar increíblemente valiosa, ya que nos ayuda a identificar aquellas áreas en las que podemos mejorar.
En realidad, los consultores rara vez resuelven los problemas por sí solos. Una buena solución requiere un esfuerzo conjunto por parte de todos los implicados: el consultor, la dirección de la empresa y los empleados. Cuando todos se centran en un objetivo claro y trabajan al unísono para alcanzar una meta concreta, las soluciones suelen surgir por sí solas.
Para ser totalmente sincero, soy consultor y creo firmemente que el consultor adecuado, que trabaje en el entorno adecuado y cuente con el apoyo adecuado, puede aportar valor a cualquier empresa. Antes de dedicarme a la consultoría, contraté a muchos consultores, lo que resultó ser una auténtica pérdida de tiempo y dinero. Sin embargo, también hubo algunos que aportaron un valor increíble a nuestra empresa. ¿Cuál es la diferencia entre los proyectos exitosos y aquellos que no salieron tan bien? Todo se reduce a comprender claramente por qué se contrata al consultor, identificar objetivos razonables y alcanzables, y establecer un camino a seguir que sea comprendido y acordado por ambas partes.
Volvamos, pues, a la pregunta inicial: «¿Por qué debería contratar a un consultor?». Quizás porque sea la respuesta adecuada a otra pregunta: «¿Cómo podemos mejorar nuestro negocio de la forma más eficaz y eficiente, teniendo en cuenta los recursos internos, otras iniciativas y el capital disponible?».


































































































