Dadas las dificultades económicas a las que se enfrenta nuestro país, la mayoría de las opiniones parecen tener algo en común (y quizá sea lo único, dada la diversidad): hemos gastado demasiado durante décadas y ahora estamos pagando las consecuencias.
Cuando estalló la crisis, afectó con mayor intensidad a los más vulnerables: aquellos que no habían creado un colchón financiero para amortiguar los efectos de la crisis, ya fueran Estados, empresas o familias.
Es posible que, con el tiempo, quienes ocupan cargos de responsabilidad política puedan hacer más, pero lo que el resto de nosotros podemos hacer por la salud financiera del país (y, al mismo tiempo, por la nuestra) es ganar más y gastar menos, tanto a nivel individual como dentro de nuestras organizaciones.
Al igual que los Estados más avanzados, las buenas empresas de hoy en día no tienen problemas importantes; muchas incluso se están expandiendo, ya sea aprovechando el abaratamiento generalizado de los recursos (excepto el capital), adquiriendo competidores nacionales o extranjeros, o beneficiándose de la quiebra de competidores menos eficaces que han dejado vacíos en el mercado.
Así pues, mientras muchas empresas se limitan a luchar por sobrevivir, otras ya se están preparando para el futuro y tomando medidas para crear los márgenes de seguridad que les permitirán capear la próxima crisis, venga de donde venga. Las empresas sólidas se esfuerzan por hacerse aún más fuertes. Para ello, buscan oportunidades en ambos lados de la cuenta de resultados: aumentando las ventas y optimizando los costes.
Cada euro que se ahorra en gastos, siempre que no afecte negativamente a la calidad de los productos o servicios que ofrece la empresa, es un euro que se puede destinar a crear un colchón de seguridad, sea cual sea la forma que adopte. Cualquiera que haya pasado por dificultades económicas en algún momento de su vida sabe que es más fácil dormir tranquilo que con preocupaciones.
Sabiendo esto, siempre es mejor contar con un colchón financiero que te permita seguir durmiendo tranquilo, incluso en épocas turbulentas como las que estamos viviendo actualmente.




































































































