
Ese viaje me enseñó muchas cosas. Subes, bajas, haces fotos. Es como si te hubieras metido en un documental de National Geographic. Pero, claro, eso es solo el primer día. Después, las cosas cambian.
Lo que los incas me enseñaron sobre cómo controlar los gastos en una gran empresa.
O cómo subir a más de 4.000 metros me ayudó a tener una perspectiva muy clara de los costes. Hace mucho tiempo, recorrí el Camino del Inca. Fueron cuatro días de caminata por una ruta ancestral, entre montañas y nubes, hasta llegar a Machu Picchu a través de la Puerta del Sol.
Fue un viaje increíble, pero también muy duro. Puedes elegir entre la ruta corta o la larga; en cualquier caso, pasas tres noches durmiendo en tiendas de campaña. Pero se sube a una altitud muy elevada. Cuando llegas a Cuzco, te aconsejan que bebas un tipo concreto de té o que mastiques unas hojas para prevenir el mal de altura. Y como siempre hago lo que me dicen allá donde voy, me lo bebí. Un amigo mío decidió no hacerlo.
Una cosa es imaginárselo a partir de esas idílicas fotos de ruinas envueltas en niebla, y otra muy distinta es vivirlo en primera persona: dormir en una tienda de campaña, caminar durante horas, cargar con todo el equipo y, sobre todo, respirar a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
Y una de las cosas que recuerdo es esta: no hace falta llevarlo todo contigo para llegar lejos. De hecho, si llevas demasiado, te quedarás atascado.
Hoy te explicaré por qué y cómo esta lección se aplica a los costes de tu empresa.
Día 1:
El entusiasmo pesa menos que tu mochila
Cuando empiezas el Camino del Inca, todo parece maravilloso; estás bien descansado, la mochila está llena de lo imprescindible (y de algunas cosas «por si acaso»), y sientes que puedes con todo.
El paisaje te deja sin palabras: ruinas arqueológicas por todas partes, la selva alta, los ríos. Es muy difícil describirlo con palabras si no lo has visto; es algo que hay que vivir en persona.

El nombre ya te da una idea: es un punto situado a 4.215 metros. Y ahí es donde te das cuenta de lo pesada que es tu mochila, no solo físicamente, sino también mentalmente. Cada paso se convierte en un reto. Te vas quedando sin aliento y sin fuerzas. Empiezas a replantearte tus decisiones y te preguntas: ¿Necesito esto? ¿Puedo prescindir de aquello?
Y también miras a tu alrededor. Y te das cuenta de algo: no necesitabas tantas cosas como pensabas. Lo que me permitió llegar hasta allí fue: viajar ligero. Tomarme en serio mi energía. Escuchar a mi cuerpo. La amiga que no tomó té sufrió un terrible mal de altura, y todos tuvimos que llevarla a cuestas.
Día 2:
La montaña te pone en tu sitio
El segundo día se llega a Abra Warmiwañusca, también conocido como el Paso de la Mujer Muerta, el punto más alto de la famosa ruta de senderismo del Camino Inca hacia Machu Picchu.
Y todo lo que llevas contigo —esa chaqueta «por si acaso llueve», ese libro que querías leer en el campamento, ese segundo neceser con cosas «por si acaso las necesito»— empieza a pasar factura.
No podía cargar con la mochila, así que se la di a una mujer del lugar que se ganaba la vida haciendo eso; subió con mi mochila y otras tres a la misma velocidad a la que corre un conejo por el bosque.
Y entonces aprendes a ver todo lo que llevas contigo con una mirada nueva.
Día 3: Aprendes a centrarte en lo que más importa
En este punto, lo tienes claro: lo que importa es lo que dejas atrás, no lo que llevas contigo.
A quienes comparten tu carga, a quienes avanzan más despacio, a quienes apenas pueden soportar su propio peso, a quienes ayudan sin que se les pida.
Te das cuenta de que avanzar es una cuestión de equilibrio, no de competición. Tiene mucho que ver con el ritmo y el grupo con el que estás escalando.
Y, sobre todo, con concentración.
, día 4:
Llegar a Machu Picchu gastando menos
Cuando llegas a Intipunku, la Puerta del Sol, sientes un nudo en el estómago. La vista te llena de una emoción indescriptible: ¡lo has conseguido, lo has logrado! Contemplas Machu Picchu antes de que abra, al amanecer.
Y confiar en la ruta. Y entonces, tras tantos kilómetros, comprendí que lo que realmente tiene sentido en un viaje como este es elegir con acierto para ser eficiente. Al igual que yo no podía con la mochila, a veces los costes nos agobian demasiado en nuestra empresa.

Tenemos partidas de gastos que no hemos revisado en años, sistemas obsoletos o acuerdos que ya no tienen sentido. Pagamos por estructuras que no cumplen su verdadera función. Y además nos cuesta ver lo que no se ve:
El desgaste del equipo.
La energía que se desperdicia en tareas repetitivas. Procesos que podrían ser más sencillos.
1. Aclimátate antes de escalar
Antes de tomar decisiones importantes, tómate tu tiempo para comprender bien el contexto.
2. Revisa tu mochila
Haz un balance de todo lo que llevas contigo. ¿Qué sigue siendo útil? ¿Qué es lo que nunca usas? ¿Qué pesa demasiado en relación con el valor que aporta?
3. Viaja con menos, pero mejor
Optimizar casi nunca significa recortar, sino avanzar con sensatez con lo justo.
¿Alguna vez has hecho un viaje que te haya enseñado algo que ahora aplicas en tu trabajo?
Gracias por leerme. Esto es todo por hoy. Espero que estas ideas te sean útiles.
Que tengas un buen día
Lo que aprendí del Qhapaq Ñan, el Camino del Inca que me llevó a Machu Picchu
Esa red de caminos que conectaba todo el Imperio Inca no era un lujo, sino una necesidad.
Una estructura diseñada para funcionar con los recursos justos y transportar personas, alimentos, mensajes y llamas de carga de la forma más eficiente posible.
Y cuando profundizas un poco más en la historia, te das cuenta de que la clave de su funcionamiento era esta: optimizar el esfuerzo sin perder de vista el objetivo.
¿Y qué tiene esto que ver con los costes?
Mucho más de lo que parece.
Porque a veces, en las empresas, hacemos exactamente lo contrario de lo que aprendí en la montaña: llevamos demasiado equipaje o no nos preparamos bien, como cuando no sigues los consejos de los lugareños para evitar el mal de altura.
Proveedores que ya no encajan en la estrategia. Tres lecciones del Camino del Inca que puedes aplicar a tu negocio
Esto es lo que te enseña este artículo sobre los pasos para empezar a optimizar los costes:
Al igual que en el Camino del Inca, donde se necesitan unos días para aclimatarse a la altitud y tomar ciertas precauciones, también hay que prepararse antes de realizar cambios en los gastos.
Y «lo justo» no es lo mínimo indispensable, sino lo necesario para llegar a tu destino sano y salvo. Y si no puedes hacerlo por tu cuenta, recurre a alguien que conozca el terreno, tal y como hice yo con la mujer que me llevó la mochila hasta el Paso de la Mujer Muerta.
A veces necesitas una visión panorámica de tu propio camino
No puedo recorrer el Camino del Inca por ti.
Pero si necesitas analizar tus gastos desde una perspectiva diferente, a veces necesitas a alguien que ya haya pasado por lo mismo.
Alguien que entienda que la eficiencia no consiste en tomar atajos, sino en saber hacia dónde vas y qué necesitas llevarte. Solo tienes que ponerte en contacto conmigo






































































































