Cuando el auge del comercio minorista ya ha llegado, pero los costes siguen pasando factura





Por qué en enero es cuando muchas empresas se dan cuenta de cuánto ha costado realmente la campaña de ventas. Acabas de volver de un largo viaje.
Durante semanas, no has parado ni un momento: vuelos, hoteles, taxis, restaurantes, entradas, equipaje extra… todo formaba parte de la aventura.
Pero no es hasta que llegas a casa, te sientas tranquilamente y revisas los cargos de tu tarjeta de crédito cuando te llevas la gran sorpresa:
¿De verdad costó tanto?
Cada año ocurre algo parecido en muchas empresas del sector minorista.
Durante épocas de máxima actividad, como el Black Friday, Navidad o campañas de rebajas intensivas, toda la atención se centra en vender, gestionar los pedidos y mantener el buen funcionamiento de las operaciones.
Pero el verdadero impacto se hace evidente cuando todo ha terminado y finalmente se da a conocer el coste total de la campaña.
Y ese momento suele llegar en enero.
Según un informe de ERA Group, el comienzo del año no suele ser un periodo tranquilo tras el pico de ventas. De hecho, es cuando empiezan a salir a la luz muchos de los gastos que pasaron desapercibidos durante la campaña.
Por eso es importante llegar a enero sin esos gastos «ocultos».
Y la mejor manera de hacerlo es empezar a analizarlos antes de que termine la campaña.

Cuando una empresa sale de un periodo de máxima actividad, a menudo tiene la sensación de haber optimizado todo lo posible.
Ya sabes:
Este tipo de fugas son más habituales de lo que parece, ya que, en los momentos de mayor actividad, las organizaciones dan prioridad a la rapidez y la eficiencia.
Cuando vas con prisa para coger el avión, a veces ni siquiera miras el lector de tarjetas que el taxista te pone delante de las narices.

Hay otro fenómeno que explica por qué enero se convierte en un mes complicado para los márgenes: las devoluciones.
Se calcula que, en mercados como el de Estados Unidos, las devoluciones de productos alcanzarán unos 850 000 millones de dólares en 2025.
Mientras que noviembre y diciembre están marcados por los envíos y las ventas, enero se convierte en el mes de las devoluciones.
Y eso implica algo que a menudo se subestima.
Las devoluciones no son solo una cuestión de atención al cliente.
También incluyen:
Y todo esto está ocurriendo justo cuando las empresas intentan reajustar sus existencias, su flujo de caja y su planificación tras el pico de actividad.
En mi jerga de viajero, diría que es como darse cuenta de que, tras un largo viaje, aún tienes que deshacer toda la maleta, lavar la ropa y reorganizarlo todo antes de volver a la rutina.

Han comenzado a crear sus propias redes de distribución y reparto, utilizando desde su propia infraestructura hasta modelos basados en repartidores autónomos.
Si las empresas no revisan periódicamente sus compromisos de entrega, corren el riesgo de competir en un mercado que ya funciona con reglas diferentes.
Es como planificar un viaje con una guía turística de 1983; la ciudad ha cambiado y muchos de los hoteles y restaurantes que aparecen en el mapa ya ni siquiera existen.

Pequeños errores en la configuración o en la transmisión de datos pueden hacer que una empresa tenga que pagar comisiones más elevadas de lo necesario en cada pago con tarjeta.
Es el equivalente en el mundo empresarial a esos pequeños gastos de viaje que parecen insignificantes hasta que ves el total en el extracto de la tarjeta de crédito.

Algo que me gustaría compartir con vosotros es que, en mi opinión, enero no debería ser un mes de recuperación.
Debería ser un mes de referencia.
Comparar lo que se había previsto con lo que realmente ocurrió.
Y eso solo es posible si se han ido haciendo pequeños ajustes a lo largo del año para evitar sorpresas al final del viaje.
Porque lo que encarece un viaje no suele ser el billete ni el hotel.
Eso suele estar bajo control
Lo que realmente encarece el gasto son los pequeños gastos: ese café, esa botella de agua en un lugar turístico, ese trayecto en taxi de dos manzanas porque te has perdido.
Algo parecido ocurre en las empresas.
Quienes convierten este análisis en una costumbre anual tienen una ventaja sobre la competencia:
descubren dónde se está reduciendo el margen antes de que el problema se convierta en algo estructural.

Los mejores viajeros saben algo que las empresas podrían aplicar a su estrategia de optimización de costes:
El éxito de un viaje no se mide únicamente por cómo transcurre, sino también por cómo se gestionan los detalles una vez finalizado.
Porque es entonces cuando realmente se aprende.
Al final, lo que importa es descubrir por qué pequeño agujero se está escapando el dinero. Y, a menudo, ese agujero es más fácil de tapar de lo que parece.
Gracias por leer hasta aquí.
Si este artículo te ha resultado útil, me encantaría conocer tu opinión o saber cómo gestionas estos costes en tu empresa.
¡Que tengas un buen día!
