El otro día me hicieron esta pregunta. Estaba a punto de responder cuando añadieron: «¿Y varias con el mismo proveedor?».
Mi primera reacción fue «por supuesto que no»... hasta que recordé que una vez le había dicho a mi hijo que había cancelado un canal, y él me aseguró que seguía viéndolo en su tableta. Al investigar un poco, descubrí que teníamos dos suscripciones activas al mismo servicio. Preferí no calcular cuántos meses (¿o años?) habíamos estado así.

Parece una tontería. Pero si sumas los meses —o los años— de pagos innecesarios, la cantidad da para una buena cena... o una botella grande de vino.
Esto me recordó a un cliente con el que trabajé hace unos años. Al revisar sus gastos en telecomunicaciones, descubrimos líneas que no se utilizaban, servicios duplicados e incluso contratos que ya se habían cancelado pero que seguían facturándose. Conseguimos reducir sus gastos en algo más del 50 %.
Ocurre más a menudo de lo que uno podría pensar. La gente cambia de trabajo y, con ello, se pierde el conocimiento de lo que hay que supervisar. Los clientes cambian y, con ellos, sus necesidades; pero a veces los cargos siguen cobrándose como si nada hubiera pasado.
Si estos pagos excesivos se producen en casa —donde creemos tener todo bajo control—, ¿qué podría estar pasando dentro de tu empresa?








































































































